El gato sin ojos 1

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Diario el Profeta

2025-08-23 10:25:29

El gato sin ojos parte 1 de 3.
Hace ya algún tiempo en una densamente poblada ciudad se hacía común la presencia de chicos vándalos y, en especial, de desadaptados sociales como este niño carente de disciplina colectiva por parte de sus padres, que disfrutaba del dolor ajeno y se sentía superior y poderoso haciéndole daño a los más pequeños e indefensos. Imagen después de la frase 2
Un día aquel niño vio a un gato muy bonito de menor tamaño sentado sobre un balcón algo alto, con un cascabel en su collar, y tuvo la pésima idea de hacerle daño: le arrojó algunas rocas para herirlo y tumbarlo del balcón, lo metió en un costalito y se lo llevó a su patio trasero donde torturó al indefenso animal golpeándolo repetidas veces y, para finalizar, tomó una jeringa y le extrajo el contenido de sus globos oculares, haciendo un increíble daño y sufrimiento sobre aquel animalito, al que le sacó lo que quedaba de los ojos con un tenedor y los guardó en un frasco de vidrio como trofeo, dejando al gato malherido en un callejón. Imagen después de la frase 3
El chico ignoraba que ese gato era el único acompañante y el único ser vivo al que Dora podía llamar familia. Dora era una mujer de treinta y tantos, solitaria, iniciada en la brujería por su madre, que junto a su padre murió víctima de un maleficio que los dejó en un estado de retraso mental y esquizofrenia; con apenas doce años, y por consejo de su tía, Dora tuvo el deber de matarlos de la manera más piadosa, pues vengarse solo le construiría un camino de sufrimiento. Imagen después de la frase 4
A los quince años muere también su tía, y a los veinte recoge un gatito recién nacido que la acompañaría hasta sus treinta y cinco. Una oscura noche el débil sonido del cascabel del animalito la hizo salir y mirar al pobre que, con un mínimo aliento de vida, se arrastró hasta su puerta para despedirse, pues la hemorragia de sus cuencas vacías acabaría con su vida en sus brazos. Imagen después de la frase 5
Yo escribo esto porque no tengo nada mejor que hacer, porque necesito que sepan la verdad y porque es lo único que me queda hacer: lo que ocurrió es tan bizarro, paranormal e ilógico que difícilmente mucha gente pueda creerlo. Soy un escritor de una editorial exigente, había terminado un libro de autosuperación con errores y me pidieron corregirlo en una semana. Imagen después de la frase 6
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