El gato sin ojos 3
Diario el Profeta
2025-08-23 10:41:19
El gato sin ojos parte 3 de 3.
Han pasado días, él también parece hambriento, pero no deja de escribir ni de observarme, analizándome como un experimento. Estoy atrapado en este juego macabro: quizá deba seguir su prueba para que me deje salir, pero ya estoy al borde de la locura. Texto encontrado junto a un cuerpo dentro del departamento: el cadáver estaba en la cama, con un gato negro y sin ojos sobre él, al que no le quedaban partes de piel en las manos, como si hubiera sido alimentado con su propia carne.
Los policías, antes de leer el diario, pensaron que el escritor había enloquecido por el estrés, pero tras leerlo entendieron otra cosa: el gato volteó y los miró con sus cuencas vacías, fijando su mirada en uno de los oficiales, el único que no sintió pánico, y este lo tomó en brazos y se lo llevó a casa. Desde hace cuatro días no se tiene noticia de él ni de su familia.
Entre la investigación policial y los rumores, aquel gato sin ojos no era más que la manifestación del alma de un niño. Una noche en la casa de los Turner, mientras el padre insultaba a la madre y el niño de diez años jugaba con sus juguetes decapitados y orgulloso de un frasco con los ojos de un animal torturado esa tarde, un extraño golpe en la puerta cambió todo. Una mujer entró con el cadáver del animalito, tomó al niño y lo arrojó al salón.
Los padres, paralizados como zombis, nada pudieron hacer mientras ella sacaba dos revólveres plateados: uno lo usó para volarle la cabeza al padre y el otro para entregárselo al niño, que, con un corazón negro, terminó disparando a su madre. Dora, la mujer, reapareció con el frasco de ojos y el tenedor del tormento, tomó al niño por el pelo, lo levantó y le disparó, dejándole una libreta y pronunciando conjuros de un libro extraño antes de irse con el gato en brazos.
Le dijo al niño que no moriría, pero que durante quince años sabría lo que era la agonía y no tener ojos, condenado a no ser humano ni animal, sino un ente condenado a escribir su sufrimiento hasta morir y padecer eternamente por lo que hizo, no por meterse con una bruja solitaria, sino por haberse metido con una amante de los animales.
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